Cada vez es mayor la cantidad de gente que toma conciencia de la necesidad del cuidado del medioambiente, y de la importancia del reciclaje, además de su gran utilidad en la vida diaria. Dentro de las prácticas de reciclaje, la de hacer abono casero o compost se está volviendo popular como una forma natural de obtener tierra fértil.
El abono casero se puede producir de dos formas: en un recipiente o en un rincón del jardín. En ambos casos el concepto es el mismo, mezclar tierra seca con desperdicios orgánicos y dejar que los microorganismos se encarguen del resto.
Para hacer abono casero es indispensable primero separar la basura. El proceso de elección de los desperdicios más aptos para el compost es muy simple. Éstos son los más usados:
- cáscaras y restos de frutas
- restos de verduras
- té, café, yerba mate
- cáscaras de huevos
- cenizas de madera o papel
- huesos molidos
- hojas
- pasto cortado (verde o seco)
- cartón
Si el abono casero se produce sobre la tierra misma, la presencia de lombrices acelerará el proceso. De acuerdo a la cantidad de compost que se prepare, la tierra estará lista entre dos y seis meses más tarde.
La preparación del abono casero puede generar un poco de olor, por eso es importante buscar un lugar fresco y seco de la casa para guardarlo. Con los cuidados higiénicos indispensables, la actividad puede convertirse en una forma de educar a los niños en el reciclaje y el cuidado del ambiente.



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