Recuerdo la habitación de mi infancia en la que crecí junto a mis hermanos. Contaba con una alfombra verde brillante que siempre estaba repleta de juguetes y muchas otras cosas. Solía transformarse en agua llena de cocodrilos que no podíamos tocar, en un pozo ciego sin gin al que nos podíamos caer y también ha sido un cielo lleno de nubes sobre el cual volábamos con nuestra cama marinera.






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