Todos recordamos a nuestros abuelos. Aquellos viejos hermosos que no han hecho otra cosa que llenarnos de cariño durante nuestra infancia. Esos viejos con la piel arrugada que solían prepararnos esas comidas tan deliciosas y que a veces en el presente extrañamos. Corremos, acelerados y sin tiempo para disfrutar de momentos tan simples y eternos como una visita a la casa de nuestros abuelos. Los recuerdos llegan de la mano de las nubes oscuras y hoy aquí, el cielo se ha vestido de nostalgia.




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